“El mejor revés en solitario, tanto en el juego femenino como en el masculino”

Los comienzos del nuevo milenio trajeron consigo un auge importante en el tenis femenino de Bélgica, y una de sus representantes fue la muy querida Justine Henin. La nacida en Lieja, junto a Kim Clijsters,  encarnó una de las épocas doradas del país de la bandera negra, oro y rojo. Fue profesional a partir de 1999 y concluyó su carrera 12 años después, en el 2011.

A pesar de su corto paso por la WTA, Henin conquistó la mayoría de los torneos importantes y estuvo un total de 117 semanas en lo alto de la clasificación femenina. En su palmarés figuran 7 Grand Slams: Roland Garros (2003, 2005, 2006 y 2007), el Abierto de Australia (2004), y el Abierto de Estados Unidos (2003 y 2007). Sin emabargo, en dos ocasiones fue finalista en Wimbledon, el único torneo grande que no pudo ganar. Aunado a esto, totalizó 43 títulos de la WTA, fue dos veces campeona del WTA Tour Championship de final de temporada y además ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

“Para una niña soñadora, ser parte de la historia es algo más de lo que podría haber esperado”, decía la rubia en 2017, cuando recibió su exaltación al Salón de la Fama del tenis.

Justine Henin comenzó en el deporte de las raquetas a muy temprana edad, debido a que su familia se mudó a Rochefort, cuando ella apenas contaba con dos años, y tenían unas canchas muy cerca de su hogar. La pequeña también disfrutaba ver los partidos del Abierto francés junto a su madre, quien se dedicaba a enseñar el idioma de ese país y luego falleció cuando la tenista tenía solo 12 años de edad.

Para aquella seguidora de Steffi Graf, el fallecimiento de su madre fue una noticia trágica y de la que le costó reponerse. Uno de los pilares de apoyo fue Carlos Rodríguez, un tenista argentino que se había retirado y había decidido dedicarse a la formación. Se conocieron poco tiempo después de la muerte de la madre de Henin y con él surgió un vínculo no solo como entrenador, sino incluso como padre secundario que se mantuvo hasta el momento de su retiro.

Un revés para la historia

Henin fue muy elogiada por personas importantes dentro del deporte blanco, principalmente por su fortaleza mental, su manejo de pies y su revés de una sola mano. Ese mismo revés que John McEnroe catalogaba como “el mejor revés en solitario, tanto en el juego femenino como en el masculino”. Mientras que, gracias a su ofensiva, Martina Navratilova la llegó a calificar de la “Federer femenina”.

Con una personalidad algo reservada, que no la hace tan mediática y con una contextura física menos musculosa que las acostumbradas a ver en los últimos tiempos, la belga supo vencer a rivales como las hermanas Williams, Amélie Mauresmo, María Sharapova, Lindsay Davenport y su compatriota belga Kim Clijsters.

La carrera de Henin también contó con importantes detractores, pero el principal fue el padre de la propia Clijsters, quien acusó a la tenista diestra de doparse. Esto nunca pudo ser comprobado y fue un señalamiento que hizo que las relaciones entre estas dos tenistas no fueran las mejores.

Carrera efímera, revés eterno 1

Para el 2005, Justine Henin comenzó a tener problemas con su rodilla y se pensaba que era el fin de su carrera. Sin embargo, pudo seguir compitiendo hasta que en el 2008, y con apenas 25 años de edad, se convertía en la primera tenista en retirarse siendo número uno del mundo.

“Justine Henin será recordada como una de las grandes campeonas de todas las épocas del tenis femenino, y una mujer que compensó su falta de tamaño con una voluntad de ganar y un espíritu de lucha que nadie superaba”, dijo en aquel momento el presidente de la ITF, Larry Scott.

Pero la belga regresó en el 2010, y explicó que ver a Roger Federer ganar por fin el Roland Garros 2009 le sirvió de inspiración. Henin no pudo estar más de un año adicional activa, y en 2011 le dijo adiós para siempre a las canchas como tenista profesional debido a una lesión en su codo.

Recordando su exitosa carrera, la tenista todavía se lamenta por no haber conseguido el título en Wimbledon, pero se siente satisfecha de lo obtenido: “No había mucha gente que realmente creyera que podía alcanzar mi meta, porque mi sueño era convertirme en la mejor jugadora del mundo. Esto se convirtió en mi objetivo. Mucha gente pensó incluso que estaba un poco loca. Pero con fuerza, con mucha fuerza, nunca llegué a dudar de que pudiera hacerlo. A los jóvenes siempre les digo: ‘No dejen de soñar, crean en sus sueños, hagan todo lo posible para alcanzar sus sueños’. Es muy importante para mí el verbo ‘soñar’, representa una palabra verdaderamente importante”, explicó.

Otro de los títulos que figuran en la importante carrera de Justine es el de haber sido electa Campeona de la Unesco, cuyo diploma se le entregó el 14 de diciembre de 2006 en la pista Central de Roland Garros “en reconocimiento a su dedicación personal, a la preservación y defensa de los valores de excelencia, juego limpio e integridad a lo largo de su carrera”. Luego de su retiro, Justine Henin se dedicó a trabajar con niños. Según ha comentado la propia belga, es una labor que disfruta mucho y de vez en cuando asesora a algunos tenistas del tour. Alejada de las cámaras, y sin ser muy activa por las redes sociales, es una de las tenistas que el circuito nunca olvidará.

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