“Hubo un momento en que dormimos en un automóvil durante un mes, y también dormimos en tiendas de campaña en los torneos. 

Cientos, miles de cámaras registran la vida de un glamoroso circuito profesional de tenis, el que centra su mirada en los grandes torneos, en las grandes gestas de míticas figuras como Roger Federer, Rafael Nadal o Novak Djokovic. Sin embargo, más allá también existen maravillosas historias de superación, vidas que sirven como ejemplo para cualquiera que lucha por vivir de un deporte tan, pero tan difícil como el tenis.

La gira de la ATP ha visto ascender varios nombres en los últimos meses, sobre todo jóvenes que integran la Next Gen. Pero hay profesionales de la raqueta, de mayor edad, que también han irrumpido con notables victorias en un profesión que ha estirado los números y que tiene cada días jugadores más veteranos triunfando.

Dueño de una gran derecha y de un potente revés, Nikoloz Basilashvili ha escalado rápidamente en la clasificación mundial: desde la casilla 89 a la número 18 en tan solo 13 meses, lapso en el que han llegado victorias en los ATP 500 de Hamburgo (derrotó a Leo Mayer) y de Pekín (superó a Juan Martín Del Potro), competiciones en las que alcanzó su tercera victoria contra un Top 10. “Había estado en finales antes. Había jugado en Kitzbuhel (en julio de 2016) y en Memphis (en febrero de 2017)”, recuerda Basilashvili. “Pero ganar un título es diferente, especialmente un ATP 500. Te da mucha confianza, que es una de las cosas más importantes en el tenis: saber que, cuando pisas la cancha, puedes ganar ese partido”.

El triunfo del nacido en Tbilisi, Georgia, ha tenido un pilar clave: su nuevo entrenador, Jan De Witt, quien trabajó con otro destacado jugador, como lo es el francés Gilles Simon. Su dupla se asoció en junio del año pasado y se formalizó oficialmente después de una semana de prueba, todo a pesar de perder 8 de sus primeros 12 partidos juntos. “Lo que me convenció fue cómo reaccionó en el entrenamiento, y me di cuenta de que este tipo era realmente serio para hacer lo que fuera necesario para llevar su juego al siguiente nivel”, reconoce De Witt, quien elevó la ética de trabajo de Basilashvili.

A pesar de las adversidades

Llegar nunca es fácil, pero mantenerse es la tarea más complicada y eso lo sabe Nikoloz, quien trabaja ahora de una manera más eficiente para potenciar sus habilidades dentro de una cancha de tenis. Su talento nunca estuvo en duda, ni su capacidad de trabajo. Afortunadamente, dio un giro de timón con una notable madurez que le ha permitido aceptar un guía en su profesión.

Su carrera comenzó con duros momentos; pero, sin duda, fueron los que forjaron su carácter. “Hubo momentos en los que mi padre y yo, por un par de semanas, dormíamos en nuestro carro. Ha sido un viaje interesante. Estaba entrenando en malas condiciones y ni siquiera pude encontrar un patrocinador, así que obtuve la ciudadanía rusa”, confiesa el tenista, que remarcó aún más su deseo al nunca bajar los brazos. “Hubo un momento, en al gira junior, en que dormimos en un automóvil durante un mes, y también dormimos en tiendas de campaña en los torneos. Cuando tenía 20 o 21 años, casi volví a empezar a jugar tenis desde cero, ya que mentalmente estaba deprimido. Todo este tipo de cosas realmente te hacen darte cuenta de que los malos tiempos no fueron en vano. Me han hecho más fuerte y hambriento por jugar tenis en un nivel alto”, afirma Basilashvili.

Cueste lo que cueste 1

Con todas las dificultades que vivían en aquella época, Nikoloz siempre contó con el total apoyo de su padre en una tierra que no tenía al deporte blanco como uno de sus predilectos. Georgia ha sido históricamente una nación apasionada por el fútbol y por la halterofilia. “Solo estaba pensando en tener suficiente dinero para llegar a los torneos”, cuenta Basilashvili sobre aquellos frustrantes días. “Estaba pensando en reservar canchas de tenis, conseguir pelotas y un compañero de práctica. Fue supervivencia en todo el sentido de la palabra. Solo cuando clasifiqué para Wimbledon 2015, y gané dos partidos en el cuadro principal, fue que se anunció un gran cambio en mi mente. Estaba jugando bien, pero no pude ir más allá del top 50. Sabía que necesitaba un mentor para ayudarme con eso. Conocía las tácticas de Jan y cómo entrenaba. Me gustó y por eso lo contacté”, explica el georgiano.

Confiar para ganar

Basilashvili se convirtió en profesional en el 2008, pero no es sino hasta ahora que saborea las mieles del triunfo. El de Georgia es un jugador conocido por ser muy crítico consigo mismo y muy perfeccionista, una visión que lo afectó durante muchos años y que bajo la guía del entrenador alemán ha ido modificando para ver el juego de otra manera. “Estoy entendiendo cómo funciona realmente el tenis”, explica Basilashvili, quien lucha contra ese instinto natural de querer finalizar los puntos ‘matando’ la pelota. “No se trata solo de los golpes o de estar en forma, sino que también funciona el lado mental del juego. En este deporte es muy importante saber cómo manejar los nervios en momentos clave. Todavía estoy recibiendo esa experiencia. Hasta los 22 o 23 años fui salvaje, no fui profesional en mi enfoque. Sabía que quería jugar bien, pero no era capaz de jugar a este nivel. No tenía un plan de juego para llegar aquí. Sabía que me estaba perdiendo de algo. Estuve alrededor de los puestos 50-100 durante mucho tiempo, durante 2 o 3 años. Necesitaba a alguien en quien confiar al 100 por ciento”, revela el actual número 18 del planeta.

Por muchos años, el hijo de Nodar, un ex bailarín de ballet nacional georgiano, se mantuvo en su zona de confort, sobre todo por no tener a las personas correctas a su lado o por un tema de confianza en quienes lo rodeaban. Pero las cosas han ido cambiando: “Con un plan, siendo más profesional y confiando completamente en mi entrenador, recibí instrucciones. Necesitaba ganar un título ATP Tour como validación de mi trabajo, que estaba avanzando en la dirección correcta. Cuando lo hice en Hamburgo y Pekín, me relajé y eso también me dejó realmente motivado”, contó un aliviado ‘Nik’.

Dueño de una técnica pulida, una gran fuerza física, y con una capacidad que pocos tienen para ganar a los grandes jugadores, Basilashvili ha ido desbloqueando su juego y su mente. Este retraso en su crecimiento que se produjo en parte por la falta de un entrenador. “Si pudiera hablar con mi yo de 21 años, no cambiaría mi estilo de juego, sino más mi enfoque mental”, reconoce Basilashvili, quien tomó una raqueta por primera vez a los 5 años de edad. “No estoy buscando resultados, pero sí dar el 100 por ciento dentro y fuera de la cancha. Quiero maximizar lo que tengo. Así, cuando me retire, sé que no dejé piedra sin mover”.

Confiado de poder tumbar a los mejores del mundo, de saber y aprender qué se requiere para alcanzar el éxito, de saber valorar los triunfos y todo el sacrificio que hay que hacer para llegar a ubicarse entre los mejores del planeta, Nikoloz Basilashvili no solo apunta al Top 10, sino que conquistar un Grand Slam se ha convertido en su más grande sueño. En ese camino de ilusiones está acompañado por su familia: su esposa Neka y su hijo de 3 años, Lukas.

Georgia tiene un enorme motivo para sentirse orgullosa.

Edición: Anthony Abellás (@AnthonyAbellas)

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