“Me dijo que había pasado por mucho y me dio un abrazo muy fuerte. Yo empecé a llorar muchísimo en su hombro. Le dejé marchar cuando yo todavía estaba sollozando. Me giré y vi que tenía lágrimas en los ojos; le di las gracias y se marchó”

El deporte mueve al mundo, es capaz de evocar las más grandes emociones, de mover masas, de paralizar al planeta y de cumplir sueños que parecían imposibles; pero también tiene la capacidad de llenar a un ser que atraviesa el momento más duro de su vida.

Considerado como el mejor tenista de todos los tiempos, Roger Federer ha dado a lo largo de su carrera pruebas de una humanidad que pocos poseen. Compasivo y con un aura especial, se ha comprometido en ayudar a los más necesitados, con pruebas tan grandes como su fundación,  que ha ayudado a más de un millón de niños en África y en su país natal, Suiza.

La figura del genio es una figura mítica, sin lugar a dudas. Es ese mismo tenista que en el 2013 le regaló un día inolvidable a una joven guerrera, Beatriz Tinoco, una superviviente del cáncer que, a los 17 años de edad, pudo cumplir el sueño de conocer a su ídolo. Oriunda de Maryland, Estados Unidos, Beatriz luchó contra la terrible enfermedad durante dos años desde el momento en el que le diagnosticaron linfoma de Hodgkin. Eso puso en peligro su vida, pero jamás sus ganas de luchar.

Durante el proceso, la joven de Florida contactó a la Fundación ‘Cumple un deseo’ (Make  a Wish), organización dedicada a conceder los deseos de niños y jóvenes con enfermedades o afecciones médicas que ponen en peligro sus vidas. “Fue lo primero que me vino a la mente”,  confesó Beatriz. “Y lo único”, agregó.

La admiración de Beatriz por Federer comenzó cuando ella tenía apenas 8 años de edad, mientras veía el primer Major del calendario. Esa idolatría se la despertó el derecho de 37 años gracias a su educación y elegancia. “Detengo todo lo que estoy haciendo para ver a Roger. Me desperté a las 3 de la madrugada para verlo en el Abierto de Australia” contó Beatriz, quien estuvo hasta 4 horas en el Abierto de los Estados Unidos esperando a Federer para obtener su autógrafo.

Tinoco se encontraba en su escuela de tenis cuando recibió una inesperada visita, la que encabezó la cadena ESPN al aparecer en la cancha para hacer un trabajo especial. “Nos dieron un iPad para ver algo. Fue el punto para partido de la final de Wimbledon de 2012… Pero después de que Roger se tira al suelo, el video se corta y aparece diciendo: ‘Hola, Beatriz. Me dijeron que eres una gran fanática. Te invito a ti y a tu familia a que vengas a verme en Wimbledon. Te veré allí’”, recordó.

Llegar a Londres con su familia aún no convencía a Beatriz. Incrédula, imaginaba aquel momento, pero no tuvo mucho tiempo para visualizarlo. “Estaba viendo entrenamientos y luego alguien dice mi nombre; me doy vuelta y era ¡Roger Federer!”, reveló la chica que estudió periodismo. “Se suponía que solo tenía que decir ‘hola’ e ir a las canchas y practicar. En cambio, él pasó 20 minutos conmigo”, remarcó emocionada.

Más allá de este encuentro, Beatriz cumplió otro sueño más: peloteó con el maestro suizo justo después de su práctica en el sagrado césped de Wimbledon. “Fue divertido, pero estaba muy, muy asustada”, detalla la joven, que hasta usó una raqueta del helvético. “Cuando él sirvió, dije ‘No, no, no’, pero el primero estuvo bien. Y cuando vio que podía devolverle el golpe, aumentó la velocidad. Fue tan rápido. No creo que él estuviera esperando que realmente lo golpeara. Creo que estaba asombrado. No creo que él supiera que podía jugar al tenis”, agregó Tinoco, quien recibió el mejor regalo de cumpleaños que podría tener en sus 18 primaveras: asistir a la victoria de su ídolo sobre Víctor Hanescu en la Cancha Central de Wimbledon.

Gestos de grandeza 1

Roger, que se preparaba para romper el récord de Pete Sampras con más coronas en la Catedral del tenis, llevó a Tinoco a un recorrido muy especial por las instalaciones de All England Club, dando pruebas de que no sólo cumplía un trámite y que para él esto era muy importante. “Siempre se puede hacer tiempo”, dijo Federer. “Todo es una cuestión de prioridades, y fue una de mis prioridades esta semana. Por eso tuve el tiempo”.

Este inolvidable viaje no culminó allí. Beatriz acudió a la rueda de prensa de Federer, volvió a encontrarse con el ex número uno del mundo para compartir mesa con la familia. Hasta hubo una torta de cumpleaños para la homenajeada, dueña de varios recuerdos firmados de este legendario deportista. “Él dejó una dedicatoria en cada uno, fue perfecto. En el mío escribió un poco más y puso ‘¡Feliz cumpleaños!’. Entonces preguntó ‘¿es así?’, le dije que sí y él se puso en plan ‘¿estás segura?’, no te avergüences de ello”, contó la norteamericana.

Si por Federer fuera, se habría quedado compartiendo aún más con la familia Tinoco, pero debía irse. “Entonces dio una vuelta por la mesa, abrazó a mi madre, a mi padre y a mi hermana, hasta que llegó mi turno. Me dijo que había pasado por mucho y me dio un abrazo muy fuerte. Yo empecé a llorar muchísimo en su hombro. Le dejé marchar cuando yo todavía estaba sollozandoMe giré y vi que tenía lágrimas en los ojos; le di las gracias y se marchó”.

Grandeza, dentro y fuera de las canchas.

Edición: Anthony Abellás (@AnthonyAbellas)

Lea también: Un hito que no responde a edad