“Donde nací, hay solo tres pistas de tierra muy antiguas y yo aprendí ahí, aunque jugué mucho en el muro de la casa de mi abuela. ‘¡Malek, para! ¡El muro está todo sucio!’, me gritaba.

Edición: Anthony Abellás (@AnthonyAbellas)

El lugar donde naces y donde te desarrollas siempre va a ser parte importante de tu formación como persona, y también marcará gran parte de tu vida. Sin embargo, hay un sinfín de historias de superación en las que personas que estaban destinadas a dedicarse a otra cosa terminan luchando contra viento y marea por ser lo que ellos quieren y, además, lo logran.

Aunque se puede decir que nació en una ciudad que tiene algo de la historia del tenis, lo conseguido por el tunecino Jaziri Malek es uno de los grandes ejemplos de lucha contra las adversidades. Es nativo de Bizerta, una ciudad conocida por ser el lugar en el que aterrizó Roland Garros en su primera aventura cruzando el mar Mediterráneo. En ese territorio, de casi 150 mil habitantes, se le conceden al que fuera tenista y aviador grandes honores; pero, irónicamente, canchas de tenis hay muy pocas.

“Vengo de un país que no tiene cultura de tenis. Un país pequeño, donde las condiciones son muy duras. No quiero decir que es un país pobre, pero casi. Es muy duro salir de ahí. No hay torneos; yo empecé jugando contra un muro. Ahora hay más canchas, pero en la capital. Donde nací, hay solo tres pistas de tierra muy antiguas y yo aprendí ahí, aunque jugué mucho en el muro de la casa de mi abuela. ‘¡Malek, para! ¡El muro está todo sucio!’, me gritaba. Y yo le pegaba, ‘pam, pam, pam’, y dejaba la marca”.

Hoy Jaziri tiene 35 años y es considerado una celebridad en su país, pero el sacrificio para llegar a ser reconocido fue grande. Abandonó los estudios a los 12 años para dedicarse al tenis y también para ayudar en la empresa de su padre, donde condujo un camión por varios años y a través de largas distancias y duras condiciones. Cuando tuvo la oportunidad, se trasladó a Europa y posteriormente hizo de Barcelona su centro de operaciones para mejorar su tenis.

Comenzó muy chico en el deporte blanco y uno de los momentos que más recuerda Jaziri es cuando en su país, en los años 80, tenían tres canales de TV: “una cadena tunecina, una francesa y una italiana. Y esperábamos a mayo para ver Roland Garros, desde el mediodía hasta las 5 o 6 de la tarde. Toda la gente de mi ciudad miraba el torneo, se detenía frente a la pantalla y yo hasta soñaba con volar como el piloto que le dio nombre al torneo”, relató el nativo de Túnez en una entrevista reciente al diario La Nación de Argentina.

Luego de su paso por Barcelona en 2009 y 2010, inició la primavera árabe en su país y los conflictos armados entraron en otro nivel. Pero esa situación no amilanó al tenista, y hasta él mismo comenta que lo ayudó a mejorar: “Después de la revolución es cierto que empecé a jugar mejor”, dijo. “Uno se siente libre. No sé… ojalá pudiera explicarlo. Usted siente que ya no hay dictador, así que puedes hacer lo que quieras, decir lo que quieras”, expresó en un documental de ESPN en el año 2012.

Héroe árabe 1

Pero lo que vivió en el conflicto árabe fue como sacado de una película de acción, en la que varias veces tuvo que huir corriendo de la capital de su país, del lugar en donde estaba entrenando en la capital de su país: “Fue muy duro, muy duro”, dijo al recordar el caos de los primeros días. “Lo primero: no podía viajar porque el aeropuerto estaba cerrado. Yo estaba practicando, tenía que hacerlo. No podía perder la forma, y eso implicaba salir a la calle. No obstante, es cierto que apoyaba plenamente a los rebeldes”, comentó. “Mi familia me llamaba preocupada, estaban asustados pues todo se estaba complicando; sabían que donde yo entrenaba estaban matando gente, tenían miedo por mí. Así que decidí volver a casa y estar con ellos”, detalló el tenista, que entró en el top 100 por primera vez cuando tenía 28 años y alcanzó su primera final ATP el año pasado, en Estambul, con 34 años de edad.

Al poco tiempo del conflicto, Jaziri buscó la manera salir de Túnez mientras esperaba a que mejorara la situación. Cuando volvió, ya su país estaba en calma: “La gente tiene que saber qué es libertad. Tiene que aprender a usarla, aunque muchas personas sean mayores y no la hayan conocido en toda su vida. Es muy importante”, evocó el tenista, a quien también le ha tocado lidiar con múltiples lesiones.

Para el año 2012 tuvo el honor de ser el único tenista árabe en participar en los Juegos Olímpicos, en conjunto con su compatriota Ons Jabeur. Jaziri recibió un Wild Card al evento deportivo por ser considerado un embajador ejemplar para la región: amable, cálido y capaz de hablar cuidadosamente en cuatro idiomas: árabe, francés, inglés y español.

Y se puede decir que ese fue el camino del éxito. Actualmente, el jugador ya ha participado en todos los Grand Slams y en 4 de las últimas 5 temporada se ha situado dentro del top 100. “Mi carrera comenzó muy tarde, pero estoy haciendo todo lo posible para extenderla al máximo”.

También ha vivido con algunas controversias, como la vez que su país le prohibió enfrentarse a un jugador israelí, lo que hizo sonar las alarmas de la discriminación dentro del deporte. Eso, en su momento, significó la expulsión de Túnez de la Copa Davis en el año 2013.

Ahora Jaziri admite que pasó años sin trabajar de la manera correcta y que le llevó tiempo descubrir el camino correcto. Actualmente es entrenado por Christophe Freyss, quien fue uno de los entrenadores de la infancia de Roger Federer, y de esta manera está buscando ser más consistente en sus últimos años de gira.

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