“Estoy convencido de que era un privilegiado. Tenía condiciones que pocos tienen. Mi única responsabilidad o preocupación era hacer mi misión, jugar tenis, así que eso me da la certeza de que lo menos que puedo hacer ahora es servirle, de la mejor manera que pueda, a estos 700 niños en el instituto”

En estos últimos 20 años del circuito mundial de tenis, han sido pocos los tenistas sudamericanos que han resaltado, y uno de ellos es el brasileño Gustavo Kuerten. El nacido en Santa Catarina alcanzó a estar en la cima del ranking ATP por 43 semanas y es apenas el segundo latino en conseguir llegar a lo más alto de la clasificación, luego de que lo hiciera el chileno Marcelo Ríos en 1998.

El mejor tenista brasileño de todos los tiempos es recordado principalmente por sus tres títulos Roland Garros (1997, 2000 y 2001). Pero su simpatía, humildad y su carácter humanitario, le han dado a ‘Guga’ un lugar especial en el corazón de los seguidores del tenis internacional.

FILE – In this June 11, 2000 file photo, Gustavo Kuerten, of Brazil, holds the trophy after he defeated Magnus Norman of Sweden in the final of the French Open tennis tournament at Roland Garros stadium in Paris. Three-time French Open champion Kuerten has been elected to the International Tennis Hall of Fame. Kuerten’s election was announced Thursday, March 8, 2012. (AP Photo/Lionel Cironneau, File)

Se puede decir que nació con una raqueta debajo del brazo. Desde pequeño, su padre Aldo le inculcó este maravilloso mundo. Sin embargo, su progenitor falleció de manera inesperada cuando arbitraba un partido de tenis juvenil y, para ese entonces, Gustavo contaba con tan solo ocho años de edad. Ha sido una de las pruebas más difíciles de su vida. A pesar de ello, pudo superar este duro golpe apoyándose en el tenis, y trabajando de la manera en la que siempre ha visto las cosas: con humildad y sencillez.

Desde que Kuerten era muy pequeño, su padre ya había visto en él características suficientes para destacarse en el tenis y por eso le pidió a su amigo Larri Passos, reconocido entrenador brasileño, que trabajara con su hijo, y esta relación de entrenador y amigo ha perdurado con el paso del tiempo.

Monaco, MONACO: Brasilian player Gustavo Kuerten hits the ball against Croatian player Mario Ancic during Masters series Monte-Carlo 12 April 2005 in Monaco. AFP PHOTO PASCAL GUYOT (Photo credit should read PASCAL GUYOT/AFP/Getty Images)

‘Guga’ Kuerten se destacó desde chico y en juvenil logró alzarse con torneos de renombre internacional como el Orange Bowl o el Roland Garros en dobles, junto al ecuatoriano Nicolás Lapentti. Cuando tenía 17 años, dio el salto al profesionalismo y luego de tres años en el circuito llegó su primer título.

Y esta primera distinción ATP fue nada más y nada menos que el Roland Garros. El brasileño de 20 años, que había comenzado dicho torneo en el puesto 66 del ranking, pasaba desapercibido entre los participantes, pero en esas dos semanas todo cambió. Fue dejando rivales en el camino, como el ucraniano Medvedev o el ruso Kafelnikov, y en la final pudo derrotar al dos veces campeón, el español Sergi Bruguera.

Recientemente, Kuerten reveló que uno de los secretos para haber tenido éxito en ese primer Grand Slam fue el encordado de su raqueta, que era totalmente innovador para ese entonces. Se trataba del sintético de Luxilon, que posteriormente fue muy polémico, pero con el paso del tiempo la mayoría de los tenistas lo comenzaron a utilizar.  Esta técnica le ayudó al brasileño en otros momentos importantes, como cuando derrotó a Andre Agassi y a Pete Sampras en el Masters del 2000, año en el que llegaría el tan ansiado número uno de la clasificación Mundial. Con su empatía con el público, y su cabello ondulado, Kuerten cada vez tenía más seguidores.

La imagen de ‘Guga’ con los corazones en la tierra batida de París se remonta al año 2001. Ese día, el brasileño estaba jugando un partido para el olvido, pero gracias al apoyo del público pudo remontar, hacerse con el encuentro y después con el título. Como un gesto de agradecimiento realizó un corazón gigante en la arcilla. Este signo fue repetido por Novak Djokovic en 2016, cuando se coronó en la misma pista, dándole gracias a los espectadores y al mismísimo Kuerten por sus consejos.

En ese 2001 comenzaron a llegar las lesiones para Gustavo Kuerten. Su espalda y cadera le generaron padecimientos que nunca fueron superados, pese a varias intervenciones quirúrgicas. De esta manera, fue descendiendo en los puestos de clasificación. Su carrera venía en declive, y en 2004 parecía tener un nuevo respiro cuando fue el único tenista capaz de vencer a Roger Federer en un Grand Slam en esa temporada. Pero, al final del año, el brasileño no pudo más y tomó la decisión de retirarse temporalmente del tenis. En el 2006 regresó y se notaba un poco más sano, pero el fantasma de los problemas físicos volvieron a aparecer y al año siguiente tomó la dura decisión de colgar la raqueta definitivamente.

Aunque su retiro del deporte blanco fue prematuro, Kuerten dejó un legado difícil de igualar. Del mismo modo, fuera de la cancha ha sido un ejemplo para la sociedad: se encuentra dedicado a enseñar a los más chicos y mantiene una organización para jóvenes con discapacidad en honor a su hermano Guilherme, quien falleció en el 2007. “Estoy convencido de que era un privilegiado. Tenía condiciones que pocos tienen. Mi única responsabilidad o preocupación era hacer mi misión, jugar tenis, así que eso me da la certeza de que lo menos que puedo hacer ahora es servirle, de la mejor manera que pueda, a estos 700 niños en el instituto”, explicó.

El ganador de casi 15 millones de dólares en su carrera como deportista es todo un icono en Brasil. En el 2016 fue el encargado de ingresar la antorcha olímpica al estadio Maracaná, en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, y este 2018 fue elegido por la revista GQ como el hombre icono del año de su país. Tras el premio recibido hace unas semanas, el ganador de 20 títulos ATP y exaltado al salón de la Fama del tenis en 2012 señaló: “La relación del brasileño es con el resultado, no con el deporte. Esto es cruel, deshumaniza al atleta. Si gana, es deificado. Si pierde, es execrado. El atleta tiene que regresar a un ciclo de existencia más normal. De lo contrario, la vida te lleva a un camino ficticio, superficial y finito”.

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