“Llevaba apenas tres meses como profesional del tenis, cuando recibí una de las peores llamadas telefónicas que uno podría recibir jamás”

Su nombre saltó a la palestra el año pasado por su acceso a los cuartos de final en el Abierto de Australia, un tenista que hasta ese entonces circulaba sin mayor éxito en la escala inferior a los grandes torneos del circuito profesional. Incluso, durante el primer trimestre del 2018, estuvo envuelto en una polémica racial con varios sectores de la sociedad estadounidense, incluyendo a Serena Williams, quienes acusaron al natural de Tennessee por supuestamente simpatizar con movimientos ultraconservadores, algo que el tenista de 26 años negó rotundamente durante unas semanas en las que la prensa también señaló que Sandgren borró tuits con intenciones homofóbicas, racistas y xenófobas.

Tennys Sandgren siguió con lo suyo, luchando por mantener vivo aquel éxito que tuvo en la tierra de los canguros, tratando de demostrar que aquellas dos semanas no habían sido producto de la casualidad y que la vida estaba para redimirse. El premio llegó en enero, justo en el inicio de la temporada, cuando ganó el torneo de Auckland, conquista que logró sin ceder set alguno y que significó su primer título ATP. “No tengo palabras para explicar lo que siento. Hay mucho trabajo, mucho entrenamiento y mucho sacrificio para llegar a la final y para ganar”, declaró el estadounidense con el preciado trofeo en sus manos.

La vida de los deportistas, y en este caso específico del tour profesional de tenis, está siempre bajo escrutinio, con una tecnología que llegó para registrarlo todo en detalle. Precisamente esa gran cobertura nos ha permitido conocer historias inspiradoras, un moderno mundo que se ha concebido para ir más allá de lo que un titular de prensa ofrece, que regala la posibilidad de conocer a la persona más allá de las canchas y saber los sueños que la impulsan día tras día.

Por los sueños de mi padre

Sandgren, quien hasta ahora ha tenido como mejor clasificación la casilla 41 del mundo, renovó sus fuerzas cuando apenas se convertía en profesional, una vida que seguramente venía impulsada desde la infancia, como en la mayoría de los jugadores.

“Mi padre murió en octubre de 2011. En ese entonces yo tenía poco más de 3 meses como profesional del tenis. Recibí una de las peores llamadas telefónicas que uno podría recibir jamás”, recuerda el norteamericano. “Estaba jugando un Future 10K en Texas. Entré en la casa en la que me iba a quedar durante toda la semana. Eran las 8 o las 9de la noche cuando mi madre llamó. Creo que una parte de mí todavía se encuentra en aquella habitación”.

El derecho de 27 años había tenido una conversación con su padre, David, 5 meses antes de su muerte. Le costó encontrarle significado a las palabras de su papá, pero hoy día ya las ha podido comprender para inspirarse. “Estábamos fuera de nuestra casa, en una tarde de verano, bebiendo una cerveza y mirando a las estrellas. Me senté con él y estuvimos en silencio. Después de unos momentos, dijo en alto: ‘¿Es esto todo lo que hay?’. Tenía 20 años por aquél entonces y no tenía las facultades necesarias para responderle en ese momento”, contó el jugador nacido en Gallantin.

Por los sueños de mi padre 1

“Él era un hombre experimentado. El que más trabajaba de todos los que he conocido en mi vida. Apoyó la carrera tenística de dos niños. No tenía ni idea de qué responder a esa pregunta cuando un hombre de su talla no sabía la respuesta. Fue algo que se quedó dentro de mí. Cuando jugaba Futures y Challengers, esa pregunta resonaba dentro de mí de una forma derrotista, pensando si de verdad esto era todo lo que había. No era la mejor forma de encararlo, pero así es como me cayó”, detalló Sandgren antes de dar el gran salto en el del deporte blanco.

Muchos jugadores han tenido distintos motivos para tomar la valiente decisión de ser profesionales en una disciplina tan dura como el tenis. Son historias de sacrificio, lucha y perseverancia que trascienden y marcan otras que apenas inician. Existen también momentos durísimos en las carreras de los jugadores, en los que la pelota va directo al corazón y donde el carácter determina qué hacer con la siguiente jugada que la vida propone. Así como John Isner decidió no quejarse más en una cancha y luchar cada pelota sin tregua alguna al conocer la enfermedad de su madre, Tennys cambió su visión tras meditar el mensaje que le dejó su padre.

“Cuando empecé a hacerlo mejor, comencé a verlo más como un desafío que como otra cosa. Si cuido bien todo lo que tengo, ¿qué tan bueno puedo ser? Mientras atravesaba los obstáculos para jugar los Challengers, con pocas esperanzas, semana a semana, pensaba sobre eso a menudo”, reveló Tennys. “Cuando tengo un buen resultado, como en Auckland, pienso que respondo a esa pregunta por mi padre, con cada paso positivo que tomo. Él fue tenista, jugó torneos satélites, pero nunca hubiera creído que yo haría cuartos de final en el Abierto de Australia. No pienso malgastar la idea de que su lucha y su viaje como persona sea algo que yo puedo aprovechar. Él trabajó muy duro para darnos oportunidades y todo lo que yo estoy intentando hacer es cumplir, de alguna forma, algunos de los sueños que mi padre tenía por nosotros”.

Rendir homenaje con una raqueta en la mano, la meta más grande de Tennys Sandgren.

Edición: Anthony Abellás (@AnthonyAbellas)

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