¿Te has parado a pensar en cómo te hablas mientras juegas? ¿Eres crítico, positivo, buscas soluciones, o te hablas duramente, con crudeza, te conviertes en tu peor rival y mantienes una lucha constante?

Los Toltecas fueron una civilización mejicana de la época precolombina. Eran conocidos como ‘mujeres y hombres de conocimiento’. En un libro publicado por el Dr. Miguel Ruiz, se habla de los Toltecas y sus Cuatro Acuerdos; según el autor de este libro, esta civilización vivía bajo unos preceptos que les permitían alcanzar la “libertad personal” y su máximo desarrollo en aquello que realizasen. Los Acuerdos eran su forma de vida y la manera que tenían de relacionarse entre ellos.

¿Sabes cómo se aplican estos preceptos a tu vida como tenista, ya seas jugador o entrenador? Vamos a verlo.

El primero de los acuerdos dice: “Sé impecable en tus palabras”. La palabra crea realidad. Es la forma en que damos vida a nuestro mundo interior, a veces de manera consciente, a veces inconsciente (en forma de lapsus). En cualquier caso, revelan los pensamientos, y las inquietudes que nos ocupan, y se convierten en acción.

¿Te has parado a pensar en cómo te hablas mientras juegas? ¿Eres crítico, positivo, buscas soluciones, o te hablas duramente, con crudeza, te conviertes en tu peor rival y mantienes una lucha constante? ¿Has pensado también en cómo le hablas a los demás, cómo te diriges a ellos? A tu entrenador/a, a tus compañeros de entrenamiento, a tus padres… ¿Eres amable y agradecido, o das por hecho que tienen que estar ahí siempre para atenderte? ¿Eres de esas personas que tienen una cara amable hacia fuera, pero luego eres tremendamente duro con los tuyos o contigo mismo/a? Bien puedo describirlo, pues yo era una de ellas: muy amable y respetuosa, pero por dentro, en mi mente, me trataba con una gran crudeza, y eso salpicaba a los más cercanos. Hasta que un día decides cambiarlo.

Todos sabemos los diálogos mentales que mantenemos cuando jugamos, y sabemos también el nivel de tensión al que nos sometemos en competición. Sin embargo, esto no es excusa para no cuidar al máximo la manera en la que le hablas a los que te rodean, aun en los momentos de mayor nerviosismo. Recuerda que esas palabras que utilices, con probabilidad, dejarán una huella emocional. Sé impecable, sé elegante y siéntete orgulloso/a de ti en cada situación, tanto en las agradables como en las difíciles. De esta manera, siempre que mires atrás te recordarás con una gran satisfacción. Aplícalo a la manera en que te hablas a ti mismo, es tanto o incluso más importante, pues eres tu mayor apoyo cada vez que entras a una pista de tenis. Sé amable contigo. Sé tu cómplice, no tu rival. Ayúdate y busca soluciones en tu mente; y cuando encuentres esa palabra o frase que tanto te anima y motiva, repítela, ¡escríbela! y grábatela hasta que forme parte de ti.

Trabajo mental

El segundo de los preceptos dice: “No te tomes nada personalmente”. ¿Cómo reaccionas ante la crítica? ¿Y ante los comentarios que hacen de ti? ¿Qué pasa si te insultan o se burlan de una parte de tu juego, o de uno de tus golpes? Hay un proverbio chino que dice:

“Todo el mundo podría alabar a Chuang Tzu, y esto no le haría esforzarse. Todo el mundo podría condenarle, y esto no le haría estar triste. Él trazó una línea clara entre lo interno y lo externo.”

Hay mucha basura emocional circulando por el circuito, desafortunadamente. Y aunque esté disminuyendo, aún queda gente que necesita criticar a otros para hacerse fuerte, mejor (y sin embargo muestran todo lo contrario). Ahora bien, las cosas que digan los demás acerca de ti sólo hablan de ellos. Aprende a trazar una línea entre tú y lo que suceda afuera. Protege a tu mente. De esta manera, te harás más fuerte y constante. No asumas la basura emocional de los demás y la conviertas en tu propia basura, esto mostrará que aún eres débil por dentro. Recuerda: sé consciente de tus fortalezas, también de tus puntos a mejorar, ponte a trabajar en ellos y, cuando venga la crítica o la opinión sin fundamentar, sigue tu camino, tus objetivos, y hazte fuerte desde dentro, por lo que ya eres.

El tercero de los acuerdos dice: “No hagas suposiciones”. “Seguro que si gano a este jugador…”, “Está fingiendo una lesión”, “Mi entrenador no confía en mí, ¡no me ha hecho ni caso en todo el entrenamiento! ¡Apenas dijo nada!”, “Seguro que el público apoya al otro jugador, es mucho más carismático”… ¿Te resultan familiares estas frases? ¿Has pensado alguna vez que el árbitro estaba en tu contra? ¿O que el entrenador estaba diseñando el entrenamiento específicamente para ‘molestarte’? ¿Y que uno de tus compañeros hacía un comentario para referirse a ti? Es muy común pensar en cosas que aún no han pasado y, de esa manera, olvidarnos de lo que realmente tenemos entre manos, la única cosa importante: la pelota que está viniendo, ¡que ya está aquí!

Aquí y ahora. Esta pelota, este momento es, en definitiva, lo único que tienes. Cada momento, cada bola que viene, es nuestra única pre-ocupación, pues no existe el 5-4, la bola de partido, las posibles semifinales, si no golpeas esta pelota que tienes inmediatamente delante de ti… ¡ahora! Ocúpate de ti y de lo que venga en este preciso momento. Al fin y al cabo, es lo único que está pasando con seguridad.

El cuarto acuerdo dice: “Hazlo todo lo mejor que puedas”. Aplica para cada acción, cada entrenamiento, cada partido, cada conversación. Da lo mejor de ti. Tal vez existan días en que la energía no esté al 100%, en los que tu mente no esté en óptimas condiciones, da entonces lo mejor que puedas para ese día; siente que pusiste lo que estuvo en tus manos, siente que el tiempo que dedicaste a ello mereció la pena. No lo malgastes, valóralo haciéndolo tan bien como puedas. De esta manera, siempre sentirás que progresas, que lo intentas; tu mente será una experta ‘buscadora de soluciones’. Y así, tu evolución estará garantizada: como tenista, probablemente. Como persona, seguro.

En tus manos está eliminar aquellas creencias que te limitan y sustituirlas por otras que te hacen mejorar, que responden a tu realidad interior y te conducen a la libertad personal, aquellas que te muestran que puedes decidir qué hacer cada vez. Estos acuerdos pueden ayudarte a renovar algunas de esas creencias que ya no te sirven.

Recuerda, no hay razón para sufrir cuando juegas. El único motivo por el que sufres eres tú mismo, por la manera en que interpretas y te cuentas lo que te sucede. Cambia tu mente, y cambia así aquello que no te sume en tu vida como tenista.

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